Blog de la Familia

La leyenda de la “Media Naranja”

Este artículo lo escribo pensando en aquellos que quieren casarse y en los matrimonios que recién han contraído, porque, los que ya tienen un cierto recorrido, seguramente ya se han dado cuenta que la “media naranja”, es una expresión que solo se hace realidad en las leyendas o en las telenovelas.

Las personas somos diferentes, aunque tengamos la misma sustancia, participemos de la misma naturaleza; aunque tengamos la misma dignidad y tengamos los mismos derechos y oportunidades, es una verdad que sale a la vista. Esta diferencia se ahonda más, cuando hablamos de un hombre y una mujer. Por esta razón, no es posible encontrar la “media naranja” porque no existe.

El matrimonio es la unión de dos voluntades; de un hombre con una mujer: que se conocen, se respetan y se aman; y están dispuestos a luchar- hasta que la muerte los separe- por hacer crecer al conyugue que han elegido; por aceptar con alegría la voluntad que Dios tiene para ellos: paternidad y maternidad, que no es una obligación ni un derecho, sino, un don y; educar con responsabilidad a los hijos, si Dios les manda.

Amar a la otra persona no es convertirse en el otro, no es hacer lo que quiere el otro; contrario a ello, es respetar al otro, aceptarlo como es, con sus errores y defectos. En este sentido, es importante que durante el enamoramiento y mejor en el noviazgo, las personas aprendan a conocerse mutuamente, porque una vez realizado el matrimonio, no hay marcha atrás. El matrimonio no tiene un periodo de prueba o un tiempo de garantía, como los objetos que se compran.

Nos engañamos cuando pensamos que vamos al matrimonio para ser felices, porque la felicidad no se encuentra en la persona, la felicidad está en otro lado, en Aquél de donde proviene toda FELICIDAD. De allí que las personas podemos hacer felices a otras siempre que estemos unidos al autor de la felicidad, caso contrario, lo que encontraremos será una “pseudo felicidad” centrada en el placer, que termina en amargura, en soledad, en tristeza, en dolor; como dice Jorge Manrique, en una de sus coplas “cuan presto se va el placer, que después de acordado da dolor…”

Los que van al matrimonio, son conscientes que en él encontrarán dificultades, pero también saben que pondrán cada uno de su parte para estudiarlo y solucionarlo,  poniendo en todo: la inteligencia, primero; y el corazón, después. El matrimonio requiere de una gran virtud que es la paciencia, entendiendo paciencia en los términos, como lo expresa el Santo Padre: “Tener paciencia no es dejar que nos maltraten continuamente, o tolerar agresiones físicas, o permitir que nos traten como objetos. El problema es cuando exigimos que las relaciones sean celestiales o que las personas sean perfectas” Amoris Laetiitia 92

Si no cultivamos la paciencia, continúa el Papa, “siempre tendremos excusas para responder con ira, y finalmente nos convertiremos en personas que no saben convivir, antisociales, incapaces de postergar los impulsos, y la familia se volverá un campo de batalla” Idem

En conclusión, la “media naranja” que buscamos en el matrimonio es una falacia; lo que verdaderamente  encontramos, es  una “media toronja”,  que debemos aprovechar para elaborar ese delicioso jugo agridulce que le da un verdadero sentido de complementariedad a la vida conyugal y de donde provienen los hijos, con quienes tenemos que empezar nuevamente otra tarea titánica, su educación integral de la cual somos los primeros responsables.

 

Anibal Mera Rodas
Director de Formación y Familia del Colegio Algarrobos

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