Blog de la Familia

Educar en la virtud de la fortaleza

Cuando hablamos de fortaleza, inmediatamente viene a nuestra imaginación la figura de personajes  dotados de especial fuerza física: Sansón, Espartaco, Tarzán, etc. porque simplemente solemos relacionarla con el vigor externo. Nada más contrario a la  virtud de la fortaleza; más aún, muchas veces se da la triste paradoja que detrás de un buen aspecto físico, se esconde un ser débil e inconstante, incapaz de hacer frente a los retos de la vida diaria.

¿Qué es la virtud de la fortaleza? Es la cualidad o hábito que nos ayuda a superar las dificultades que se presentan a la hora de alcanzar el bien arduo, aquel bien que auténticamente vale la pena y que nos ayuda a  ser personas logradas. La experiencia nos dice que los hábitos (positivos o negativos) se adquieren con la repetición de actos, en una palabra, exigiéndose así mismo hasta alcanzar la meta propuesta.

Lamentablemente, hoy nos movemos dentro de una cultura proclive al hedonismo materialista, a la búsqueda de lo placentero con la consiguiente huida de todo lo que pueda causar incomodidad o suponga especial esfuerzo. Cuando se educa, como no somos seres de otro planeta, esta mentalidad hedonista influye más allá de lo razonable y comprobamos como los papás, por un “mal entendido” cariño crían a sus hijos con ausencia de exigencias. Protestan con vehemencia si un profesor es exigente con ellos, si un compañero le ha dicho algo que “hiere” sus oídos y así un largo etcétera. El resultado de esto es chicos/as “blandengues”,   sin defensas para los riesgos de la vida y sin hábitos de lucha para enfrentar el futuro: todo lo tuvieron fácil.

Hay que cambiar paradigmas, no dejarse arrastrar por la cultura imperante y ser positivamente inconformistas, rebeldes. Formar en la virtud de la fortaleza es ayudarles a saltar obstáculos dependiendo de la edad de los hijos; la gradualidad y la proporcionalidad intencional en la formación es indicativa de que se tiene norte, de que se sabe a dónde se quiere ir: encargos en la casa, no tolerar caprichos en las comidas, constancia en el estudio que es muy distinto a exigir notas, etc.

La lista puede ser todo lo amplia que se quiera, lo que importa es plantearse educar a los hijos para que aprendan a resistir la adversidad. En las consultas de especialistas, viene siendo cada vez más frecuente el diagnóstico de “poca tolerancia a las frustraciones”,  fruto de una educación protectora y permisiva.

En psicología se ha acuñado un término prestado de la física, “resilencia”, para indicar la capacidad que tiene una persona de superar lo adverso, de sobreponerse al dolor y seguir adelante: bien se puede decir que la resiliencia está emparentada con la  virtud de la fortaleza aunque se queda a medio camino  porque la virtud es mucho más.

Para concluir, hago el ejercicio de ser “cargoso” e insistir que la virtud de la fortaleza da el impulso para ir tras el bien difícil sin detenerse ante el miedo ni ante lo prolongado de la consecución del bien.

Dr. Hugo Calienes Bedoya
Director General del Colegio Algarrobos

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